Para los que no saben, éste año entré a la Escuela de entrenamiento para oficiales del Ejército de salvación en el territorio este de los Estados Unidos. Nos encontramos en Suffern, Nueva York y hemos estado tomando varias diferentes clases incluyendo una de doctrina del Ejército de Salvación. Nos ha tocado hacer un proyecto sobre "doctrina en praxis," (praxis proviene del griego antiguo πρᾱξις = práctica; y significa el proceso por el cual una teoría o lección se convierte en parte de la experiencia vivida). Este semestre hemos estado estudiando la quinta y la sexta doctrinas del Ejército de Salvación. Para los que no saben lo que es una doctrina, proviene del latín y significa conjunto de ideas, enseñanzas o principios básicos defendidos por un movimiento religioso, ideológico, político, etc. En nuestro caso, como el Ejército de salvación es una iglesia, sabemos que se trata de los principios básicos defendidos por un movimiento religioso.
Me gustaría enfocarme en la sexta doctrina en la que creemos, la cual dice lo siguiente: "Creemos que el Señor Jesucristo, por sus padecimientos y muerte, ha hecho la propiciación por todo el mundo, de manera que todo el que quiera puede ser salvo." Esta doctrina revela el regalo más hermoso que hemos recibido de parte de nuestro Padre y para poder entender lo que está diciendo, vamos a estudiarla más profundamente.
La palabra nos dice en Romanos 3:23: "pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios...." En otras palabras, todos hemos pecados y necesitamos ser salvados. Pero, la propiciación hecha por Jesucristo en la cruz del calvario es suficiente para salvarnos a todos. Y ¿qué significa propiciación? Se estarán preguntando. Propiciación es ayudar a que sea posible la realización de una acción o la existencia de una cosa. En otras palabras, por medio de Jesucristo, se nos ha hecho posible recibir primero que nada perdón por nuestros pecados y aún más salvación para nuestras vidas. Es únicamente por medio de Jesús que perdón y salvación es posible para cada persona. Por medio de Él recibimos perdón donde antes existía depravación, ya que Efesios 1:7 dice: “En él tenemos redención mediante su sangre, el perdón de nuestros pecados, conforme a las riquezas de gracia.” También recibimos reconciliación con el Padre cuando antes estábamos separados de Él, 2 Corintios 5:18-19 dice: “Todo esto proviene de Dios, quien por medio de Cristo reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación: esto es, que en Cristo, Dios estaba reconciliando al mundo consigo mismo, no tomándole en cuenta sus pecados y encargándonos a nosotros el mensaje de la reconciliación.” Cuando éramos esclavos del pecado, recibimos libertad, pues Romanos 6:17-18 nos dice: “Pero gracias a Dios que, aunque antes eran esclavos del pecado, ya se han sometido de corazón a la enseñanza que les fue transmitida. En efecto, habiendo sido liberados del pecado, ahora son ustedes esclavos de la justicia.” Estábamos muertos espiritualmente, pero recibimos vida eterna, Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte mientras que la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor.” Cuando antes nos rebelábamos contra Dios, por medio de la salvación que recibimos por Jesucristo, tenemos la responsabilidad de obedecer gozosamente porque somos Sus hijos, pues la Palabra nos dice en Romanos 8:12-17: “Por tanto, hermanos, tenemos una obligación, pero no es la de vivir conforme a la naturaleza pecaminosa. Porque si ustedes viven conforme a ella, morirán; pero si por medio del Espíritu dan muerte a los malos hábitos del cuerpo, vivirán. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y ustedes no recibieron un espíritu que de nuevo los esclavice al miedo, sino el Espíritu que los adopta como hijos y les permite clamar: « ¡Abba! ¡Padre!» El Espíritu mismo le asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues si ahora sufrimos con él, también tendremos parte con él en su gloria.” Y por último, donde antes existían relaciones quebrantadas, podemos ahora vivir en unión y en comunidad pues Su Palabra nos lo manda en Hebreos 10:24-25: “Preocupémonos los unos por los otros, a fin de estimularnos al amor y a las buenas obras. No dejemos de congregarnos, como acostumbraban hacerlo algunos, sino animémonos unos a otros….”
¿Qué piensan ustedes sobre ésta doctrina? ¿Quisieran añadir algunos comentarios o preguntas? Por favor siéntanse en la libertad de hacerlo.
Hasta la próxima vez, ¡Que Dios les bendiga!